Duelen los párpados en lo azul de la noche de los esclavos que se tatúan águilas en el pecho. Esta no será la primera vez que alguien mira con recelo el cuenco de arcilla que atesora el agua del final.
Entre los que perforan su lengua para brillar en la oscuridad que resplandece al abrigo de los metales, hay los que alguna vez fueron la vida que se apaga, de pronto, en plena batalla durante la guerra inmortal que busca saciar la sed y el hambre.
Las letras góticas de un libro nuevo sueñan el olor de una vieja biblioteca. Se confunden los roles del tiempo. El presente se dispersa y sólo queda todo lo demás.
Una cuchara de oro revuelve un caldo animal de brujería o castigo severo a los idólatras de la cumbre invertida. Los hechiceros cuecen ojos del barro que siempre se creyó cristal y ruptura. Cada grito que se desprende del fuego es una iniciación de ceremonia, o una frustración envuelta en jirones de una lengua olvidada ya cuando los ancestros de los ancestros de la primer tribu decidieron el color de la desobediencia.
Hay risas que vienen de una choza en la que violaron y asesinaron a una princesa secuestrada una noche de luna llena. Siempre hubo mitologías alternativas para honrar el precio de la sangre y su misterio medieval. Hay risas que vienen de los huecos negros del cielo, esas extensiones de mar anochecido que sirven de refugio a bestias y a murmullos extraños que pueden llegar de una guerra o de una fiesta.
Entre los que perforan su lengua para brillar en la oscuridad que resplandece al abrigo de los metales, hay los que alguna vez fueron la vida que se apaga, de pronto, en plena batalla durante la guerra inmortal que busca saciar la sed y el hambre.
Las letras góticas de un libro nuevo sueñan el olor de una vieja biblioteca. Se confunden los roles del tiempo. El presente se dispersa y sólo queda todo lo demás.
Una cuchara de oro revuelve un caldo animal de brujería o castigo severo a los idólatras de la cumbre invertida. Los hechiceros cuecen ojos del barro que siempre se creyó cristal y ruptura. Cada grito que se desprende del fuego es una iniciación de ceremonia, o una frustración envuelta en jirones de una lengua olvidada ya cuando los ancestros de los ancestros de la primer tribu decidieron el color de la desobediencia.
Hay risas que vienen de una choza en la que violaron y asesinaron a una princesa secuestrada una noche de luna llena. Siempre hubo mitologías alternativas para honrar el precio de la sangre y su misterio medieval. Hay risas que vienen de los huecos negros del cielo, esas extensiones de mar anochecido que sirven de refugio a bestias y a murmullos extraños que pueden llegar de una guerra o de una fiesta.
