lunes 9 de noviembre de 2009

Duelen los párpados en lo azul de la noche de los esclavos que se tatúan águilas en el pecho. Esta no será la primera vez que alguien mira con recelo el cuenco de arcilla que atesora el agua del final.

Entre los que perforan su lengua para brillar en la oscuridad que resplandece al abrigo de los metales, hay los que alguna vez fueron la vida que se apaga, de pronto, en plena batalla durante la guerra inmortal que busca saciar la sed y el hambre.

Las letras góticas de un libro nuevo sueñan el olor de una vieja biblioteca. Se confunden los roles del tiempo. El presente se dispersa y sólo queda todo lo demás.

Una cuchara de oro revuelve un caldo animal de brujería o castigo severo a los idólatras de la cumbre invertida. Los hechiceros cuecen ojos del barro que siempre se creyó cristal y ruptura. Cada grito que se desprende del fuego es una iniciación de ceremonia, o una frustración envuelta en jirones de una lengua olvidada ya cuando los ancestros de los ancestros de la primer tribu decidieron el color de la desobediencia.

Hay risas que vienen de una choza en la que violaron y asesinaron a una princesa secuestrada una noche de luna llena. Siempre hubo mitologías alternativas para honrar el precio de la sangre y su misterio medieval. Hay risas que vienen de los huecos negros del cielo, esas extensiones de mar anochecido que sirven de refugio a bestias y a murmullos extraños que pueden llegar de una guerra o de una fiesta.
Cómo se llama
la sombra del árbol
que no recuperará
sus hojas,

y el hilo de agua
que nadie bebe,

y el insecto cansado
de volar que reposa
y espera
el golpe que lo acabe.


Cómo se llama
el tiempo perdido
que no encuentra
sus lágrimas,

y el metal de la música
que no ha nacido todavía,

y el animal que mira
la luna y la cree paraíso,

y el que ya no se atreve
a pronunciar
el verbo fundamental
de la madrugada imposible.

sábado 7 de noviembre de 2009

El exorcismo es un arte
que frecuentan los moribundos.
Están tan solos y devastados
que ya nada les importa
y juegan a descubrir
el último erotismo.

martes 3 de noviembre de 2009

Y en un diccionario viejo,
de hojas amarillentas y letras turbias,
buscó la palabra muerte

cuando el viento y la noche
se cansaron del hechizo de la luna
y la borraron de inmediato.

Jamás había sentido esa curiosidad.
Alguna vez,
alejándose ya del raro principio
de la infancia,
una palabra seductora
la encontró fascinada
leyendo el antiguo libro.

Pero esta vez,
acaso
fingiendo la compostura
de los intelectuales
que se distancian
del sol y de las estrellas,
tomó nota en un cuaderno
sobre lo que dicen de la muerte
los que no la vivieron
y la comentan
tan desde afuera,
tan desde no entenderla,
tan desde saberla
la insuperable ausencia
de alguien que no dio explicaciones
antes de irse.

Se sintió atraída por el misterio
y empujada
por el vértigo negro del tiempo,
el que deja oír los pasos del corazón
a ninguna parte,
a ninguna nada
que tenga el nombre precioso
de una reliquia,
el nombre brutal
de algo más alucinante y perturbador
que un paraíso y un infierno
juntos en la última palabra
que todavía reconoce al silencio.

domingo 1 de noviembre de 2009

madrugada zombilente
frescura de labios recién dormidos
un color que se llama como las flores
que acaban cuando la primavera empieza

en la hora de los relojes
de agua que se va y arena que busca
la cola del viento
Esta no noche los muertos están equivocados.
Y aburren.

El ahorcado de ayer usa ropa interior blanca.
El juego es muy sencillo
pero nadie lo juega.
Las risas están llenas de preguntas.
El miedo descansa.

Octubre

La primavera no quiere a las flores
y el viento es el mensajero de su abrazo fatal.

martes 27 de octubre de 2009

Un bosque de árboles azules,
una ráfaga de luces que temen
el silencio de la sombra.



En un cuerpo de barro el agua
dejará su memoria en canciones
mudas
que pronuncian el vértigo y el frío.



Hecha la ley
en el sabor de la trampa,

la ruptura de toda oración
se hace necesaria.



Noche de hadas vírgenes
antes de la batalla final
entre los reyes de un país
que al viento ya no le importa.



El compás ha olvidado
el fuego del último círculo
que selló el calendario de sombra
de piedras
en el mes del agua que no regresa.



Hoy parece que la tierra no tiembla,
que se decidió por el sueño de la sangre

y por el brillo vacilante
de los fantasmas exaltados en primavera.
Cartas abiertas,
venas que se apagan;
es dulce la tristeza solitaria,

el beso único de la noche
trae sueño,
mortaja negra sobre azul.

lunes 26 de octubre de 2009

Nació un ídolo
que secará la piel
de los que ya no quieren
estar aquí.

viernes 16 de octubre de 2009

No hubo forma de romper
el cielo aquella vez que nadie quiso verlo.

No hubo tiempo para iluminar el fuego:
apenas unas llamas negras en el cuerpo
de los enamorados de la soledad y el abandono.
De mi corazón queda un cielo
de nubes que ocultan la mirada de la noche,
los ojos negros que brillan
como si todavía guardaran algunas lágrimas.
Y sí,
necesito una flor,
y me refiero a una flor,
nada más que a eso…
La sombra roja del párpado
despierta de noche,

luego del sol
y su abrazo de luz insufrible.

martes 13 de octubre de 2009

Una estrella le abre
los ojos al día,
está por anochecer.

domingo 11 de octubre de 2009

La noche lo suponía triste
y le dejaba una sola estrella
para que adivinara el rumbo
de su naufragio.

Jaime Sabines




La Fuerza Bruta

Es un cuerpo que sólo arremete.
Una bestialidad y nada más.

La noche no le guarda secretos;
y él no los busca.

viernes 9 de octubre de 2009

Caída Libre: Testimonios Ineludibles

I
El cielo dibuja los rituales del viento,
envuelve plumas de seres imaginarios que se creyeron
ángeles:
de ellos queda el vuelo interrumpido,
la certeza de una caída libre.


II
Y no consumieron el vértigo,
lo dejaron en el mundo
para que los domingos anochezcan en angustias
de silencio.


III
Contra los oscuros augurios del alma nace la poesía,
muere la poesía.


IV
Tengo una flor hecha de sombras,
en cada pétalo encuentro las opciones del miedo
a no ser, del miedo a ser.

Pero han salido a conquistar su risa
los insomnes,
allí caminan,
parece que danzan la vieja ceremonia
de continuar sin sentido.


V
Inventé a dios
en seis días.
En la séptima jornada no pude con el sueño.

Dormí.

Dios no pudo con su soledad.

Al día siguiente los funerales despidieron
a un suicida sin nombre.


VI
¿La poesía se escribe con la pluma de un ángel
encendida en el infierno?


VII
En las preguntas el sabor del silencio.


VIII
¿Seré la memoria del dios que jamás nacerá?


IX
Cuando llueve
el llanto se oculta en la lluvia.
Pero, cuando no llueve,
¿Dónde se oculta la falta de llanto?


X
Seré de la luna su rostro más oscuro,
su infancia tibia lejos de las flores
todavía.
 
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